DE VIAJE

Descubrir el lado B de Palermo es la intención. Resistir a la tentación de comprar en las encantadoras boutiques o comer en reconocidos restaurantes del famoso barrio no es tarea fácil.

 

BUENOS AIRES, Argentina.- Sin embargo, este paseo promete deleitar a los transeúntes con tonalidades y aromas que enamoran. La propuesta es iniciar este itinerario en el Parque Tres de Febrero, también conocido como Bosques de Palermo.

 

 

Se trata de un gran espacio verde conformado por arboledas, lagos y sitios de interés, como el Planetario Galileo Galilei, el Jardín Japonés y el Rosedal. En este último, hay más de 18 mil rosas, según datos del Ente de Turismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

 

Al recorrer sus senderos, el viajero se topa con infinidad de parejas. Algunas pasean tomadas de la mano, otras escuchan el murmullo de las fuentes y observan el paisaje desde la comodidad que brindan unas románticas bancas.

 

 

En el Rosedal, los visitantes también tienen la oportunidad de cumplir con algunos rituales. Se dice que, justo al llegar al Puente de los Enamorados –que cruza uno de los lagos del parque–, las parejas deben tomarse de la mano, pisar el primer escalón de la estructura y darse un beso. Al hacerlo, su amor quedará sellado para siempre.

 

 

Luego de caminar por el Rosedal, conviene dirigir los pasos hacia el Planetario Galileo Galilei, principal centro de divulgación de la astronomía de esta bella capital. Destaca una cúpula en la que los visitantes pueden observar cerca de 8 mil 900 estrellas gracias a seis proyectores de alta resolución.

 

 

La estructura del planetario está inspirada en Saturno. A sus pies hay un lago cristalino y un jardín, usualmente conformado por agapantos. Esta última composición regala al visitante la oportunidad de tomar una buena fotografía.

 

 

Nada mejor que cerrar la colorida jornada en el Jardín Japonés, ubicado muy cerca del planetario. Quien hasta ahí llega, tiene la obligación de cruzar por el Puente Zigzag, que representa las decisiones que se deben tomar en la vida, y por el Puente Curvo, que representa el camino al paraíso y también es conocido como Puente de Dios.

 

 

De esta manera, al estilo de los antiguos amantes, Buenos Aires conquista a más de un viajero:

 

¿quién podría negarse a darle un pedazo de corazón después de recibir tantas flores?

 

 

Escrito por Cirze Tinajero / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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