REVISTA R

Instrucciones para sobrevivir en México

Ibargüengoitia es un autor que nos hace comprobar nuestro patriotismo por vía negativa: cada vez que ocurre un desastre, sentimos que somos de aquí.

 

En un pasaje memorable de Instrucciones para vivir en México, antología de las crónicas de Jorge Ibargüengoitia preparada por Guillermo Sheridan, un francés aprovecha el silencio en una comida para decir algo que los demás no entienden del todo y más o menos significa: “su historia es muy triste”.

 

¿Se refiere al país, a los anfitriones, a los demás comensales? Imposible saberlo. Ibargüengoitia repasa el asunto y descubre que, en efecto, la vida nacional deja mucho que desear. En la infancia se nos inculca que procedemos de dos magníficos imperios, el azteca y el español.

 

Si somos resultado de tanto esplendor, ¿por qué estamos tan mal? Sabemos que “como México no hay dos” y aguardamos una existencia gloriosa, pero nos rodean loncherías, perros callejeros y burócratas.

 

Las grandes expectativas de la patria nunca se cumplen, lo cual explica que estemos deprimidos y achicopalados. Instrucciones para vivir en México es un prontuario de las costumbres, las manías y los ritos íntimos que constituyen al mexicano. El autor comprueba su patriotismo por vía negativa: cada vez que ocurre un desastre, siente que es de aquí.

 

Una interrogante define el libro: ¿en verdad era necesario que existiera México? Ibargüengoitia ofrece una historia patria a contrapelo: en tiempos remotos un águila llegó a Salamanca, Guanajuato, y empezó a devorar una serpiente, pero fue espantada porque los lugareños ya sabían que, si los aztecas se enteraban, fundarían ahí su imperio.

 

El águila fue espantada de muchos otros lugares hasta que llegó a un islote del Valle de Anáhuac, donde no había nadie que pudiera temerle a los futuros mexicanos.

Si Ibargüengoitia viviera... 

 

Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, 1928 - Madrid, 1983) cumpliría 90 años el 22 enero. Con el humor y la ironía como fundamentos, las aportaciones del guanajuatense cruzan los géneros literarios; han sido la base para filmes cinematográficos e inspiración para autores de varias generaciones.

 

Narrador, dramaturgo, ensayista y periodista, Jorge Ibargüengoitia produjo una vasta obra que ha sido retomada por autores diversos. El escritor Guillermo Sheridan elaboró tres antologías sobre la obra del guanajuatense publicada en forma de columna.

 

Bajo el título de Instrucciones para vivir en México (1990), Sheridan compiló una parte de los artículos que el guanajuatense publicó en Excélsior de 1968 a 1976. Se trata de atículos en los que Ibargüengoitia retrató la mexicanidad en la segunda mitad del siglo XX: la confusa hospitalidad nacional, la afición por los tacos o la frustración de los mexicanos obligados a madrugar sin tiempo ni energía para gestar revoluciones.

 

A 35 años de su partida, el legado de Ibargüengoitia emerge al leer sus instrucciones para vivir con los pequeños frutos de la Independencia y la Revolución mexicana, las elecciones presidenciales, la democracia y el estilo teatral del sistema priista que, este año, nuevamente se ve sometido al juicio de las urnas.

 

David Miklos, Antonio Ortuño, Juan Pablo Villalobos y Juan Villoro, autores de distintas generaciones que encuentran en Ibargüengoitia inspiración y aliento, reflexionan sobre su vigencia y recrean su manual de supervivencia, para el México de 2018.

 

CINE

La Cineteca Nacional exhibirá dos películas basadas en la obra de Ibargüengoitia, comentadas por especialistas en la obra del autor.

 

Dos crímenes, 1994

Dos décadas después de la novela con este título, Roberto Sneider reproduce la historia de un hombre buscado por la policía que huye a la casa de su tío, desde donde teje una trama que desembocará en dos crímenes.
Lunes 22 de enero

 

Estas ruinas que ves, 1978

El director Julián Pastor basa este filme en la novela donde un hombre regresa a su ciudad natal, Cuévano, con locaciones de Guanajuato, donde nació Ibargüengoitia y que sirvió de inspiración al texto original.
Lunes 29 de enero

Escrito por Juan Villoro

Escritor y periodista mexicano. Columnista de Reforma


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